sábado, 27 de febrero de 2016

Actualidad

17/02/2016

El secreto del sfumato


El secreto del sfumato

En nuestra academia de dibujo y pintura en Fuenlabrada bebemos de las fuentes clásicas de la pintura y te transmitimos sus enseñanzas amoldándonos a lo que puedes dar según tu nivel, para que éste cada vez sea mejor.
Una de las técnicas que más nos interesan y que casi todos los pintores utilizan en mayor o menor medida cuando pintan algo figurativo es la conocida como esfumado o sfumato, cuyo ejemplo más conocido e impactante en su época es La Gioconda, de Leonardo da Vinci.
El esfumado consiste en difuminar las líneas al borde de las figuras, creando una impresión visual muy similar a la que experimentamos en la realidad cuando miramos un objeto lejano, o uno cercano pero a través de una atmósfera que lo matiza levemente: aire con partículas de polvo, o un ligero humo.
Es de esta última palabra, humo, de donde viene la expresión italiana sfumato, con la que el propio Leonardo bautizó su hallazgo. En el Renacimiento fue un auténtico avance, y aún es útil a nuestros alumnos en nuestra academia de dibujo y pintura en Fuenlabrada para crear impresión de profundidad, antigüedad y realismo.
Fue un gran mérito de Leonardo y de los pintores que le siguieron darse cuenta de que la realidad nunca nos muestra líneas claras y totalmente distintas. El mundo para nuestros ojos está difuminado, ya que el aire no es invisible. Además de las líneas, el sfumato afecta a los colores: si oscurecemos más las partes más al fondo la sensación de profundidad es mucho mejor.
Para experimentarlo tú mismo, ven a Academia de Pintura Punto de Fuga y encuentra al artista que llevas dentro.
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Evaristo Palacios, Pintor

“La pintura de Evaristo Palacios (Torrecillas de la Tiesa, Cáceres, 1956) recoge la luz de y el color del entorno con gran delicadeza, descubriendo en los más variados rincones la belleza de lo cotidiano. De esta manera, canales, aguas recogidas, tejados, viejas callejuelas y herrumbrosas casas, se convierten en el punto de arranque de una reflexión plástica que no se fija en el dato visible para copiarlo, sino para reinterpretarlo según una personal escala de valores tonales.
Sus paisajes no recogen el perfil duro de las formas ni la uniformidad de sus colores. Al contrario, intentan reflejar la sutil neblina que las envuelve en el complejo momento del cambio, donde la luz vira hacia otros modos y los colores se desintegran en un complejo abanico de tonalidades. Y todo ello lo consigue el artista cacereño con una ejemplar utilización de ocres, azules y blancos, sabiamente elaborados y dispuestos sobre el lienzo.
Este modo que venimos describiendo otorga a la pintura una poderosa sugerencia o capacidad evocadora, cargada de silencios nunca rotos por la presencia humana. Podría decirse que el autor limpia la mirada de todo elemento anecdótico y se centra en la esencia del paisaje que, como tamizado por la experiencia fugaz del recuerdo, se revela con la presencia de lo verídico. Pues si bien la pincelada descompone en ocasiones determinados aspectos
de la composición, siempre permanece inmutable la estructura sintética de lo observado.”

Carlos Delgado - El Punto de Las Artes - Nº 797 septiembre, 2005